La posición de los altavoces cambia más el sonido que el precio de los altavoces. En una sala doméstica, mover una caja veinte centímetros puede alterar la respuesta en graves más de lo que cambiaría sustituirla por otra del doble de precio. Esta guía recorre el proceso completo en el orden correcto: elegir el altavoz que encaja en tu sala, encontrar la posición de escucha, formar el triángulo, fijar la altura y resolver la distancia a la pared, que es el paso donde casi todo el mundo se equivoca.
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Respuesta rápida
- Siéntate al 38 % de la longitud de la sala, mirando hacia la pared más corta. Nunca en el centro exacto (50 %) ni en el cuarto (25 %).
- Tus oídos y los dos altavoces deben formar un triángulo equilátero, con los tweeters a la altura del oído: entre 120 y 140 cm según el estándar de la UIT.
- La distancia a la pared frontal decide el grave. Funcionan dos zonas: muy cerca (0–20 cm) o lejos (más de 2,2 m). La franja de 1 a 2,2 m es la peor de todas.
- Nunca dejes la misma distancia a dos paredes distintas, ni distancias que sean múltiplos entre sí, incluido el múltiplo de una vez y media.
- Desacopla siempre los altavoces del mueble o la mesa, y usa los dos en la misma orientación.

Antes de colocar nada: qué altavoz encaja de verdad en tu sala
Hay una idea muy extendida y muy cara: que cuanto más grande y más caro sea el altavoz, mejor sonará. No funciona así. Un altavoz que supera la capacidad de la sala produce un grave descontrolado que después hay que perseguir con material acústico, y a veces ni así. El criterio no es el tamaño: es la correspondencia entre el altavoz, el volumen de la sala y la distancia de escucha.
Antes de comprar conviene además saber cómo se comporta acústicamente el espacio. De poco sirve un buen conjunto en una sala que zumba: lo explicamos en detalle en la guía de tratamiento acústico.
Cómo leer la ficha técnica sin engañarte
La respuesta en frecuencia suele aparecer así: 50 Hz – 25 kHz ±3 dB. Eso significa que a 50 Hz el altavoz ya está 3 dB por debajo de su nivel de referencia, no que llegue a 50 Hz con la misma energía. Cuanto más bajo sea ese primer número, más grave puede entregar; cuanto más alto el segundo, más agudo alcanza. Ese dato, el de la frecuencia de corte inferior, lo vas a necesitar más adelante para calcular la distancia a la pared.
La sensibilidad se indica en decibelios. Un valor más alto significa que consigues más volumen con menos potencia, lo que permite usar un amplificador más modesto. La impedancia se mide en ohmios, no es constante —varía con la frecuencia— y en la mayoría de altavoces domésticos ronda los 8 ohmios.
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Tipos de altavoz
De banda completa. Cubre aproximadamente de 20 a 20.000 Hz. Suele ser grande, caro y de suelo por peso y tamaño. A cambio, entrega un sonido rico y completo sin apoyo externo.
De banda limitada. Cubre desde unos 45 Hz hacia arriba. Al ser más pequeño se puede montar sobre un soporte, y es la opción realista en la mayoría de salas domésticas.
Subwoofer. Se ocupa de la parte más baja del espectro, donde el oído empieza a percibir el sonido más como presión que como nota. Hay dos familias y conviene entender el compromiso. Los de bass reflex (caja sintonizada con tubo) son más baratos, rinden más volumen con menos potencia, pero responden con menos precisión y arrastran un poco la nota. Los de caja cerrada exigen más potencia y una carcasa más rígida para alcanzar la misma presión, y a cambio dan un grave más limpio, más profundo y mucho más preciso. En los bass reflex la sintonía del tubo influye tanto como el altavoz.

Potencia y tamaño de subwoofer según el volumen de la sala
Estas son las referencias que usamos como punto de partida. Hablan de capacidad de pico del sistema, no del volumen al que conviene escuchar:
- Unos 70 m³ y 2 m de distancia de escucha: alrededor de 50 W y un diafragma de unos 15 cm.
- Unos 85 m³ y 2,8 m: alrededor de 150 W y unos 20 cm.
- Unos 115 m³ y 3,5 m: alrededor de 250 W y unos 25 cm.
- Unos 175 m³ y 5 m: alrededor de 500 W y unos 30 cm.
- Unos 250 m³ y 6,2 m: alrededor de 1.000 W y unos 38 cm.
Una advertencia honesta: esas cifras describen los picos que el sistema debe poder reproducir sin comprimir, en material de cine con mucho margen dinámico. No son niveles de escucha. La exposición sostenida por encima de unos 85 dB daña el oído, y ningún sistema suena mejor por escucharse más fuerte.
De qué está hecha una buena caja
La madera sigue siendo el material más adecuado, y el tipo importa mucho. El aglomerado es el más barato y el peor: resuena y se degrada. El MDF es claramente mejor y es la elección habitual para subwoofers, aunque su peso lo hace poco transportable. El contrachapado es el más caro y el más sólido acústicamente, y es el que se usa en aplicaciones profesionales.
Dos casos particulares: el escritorio y el cine en casa
Altavoces para ordenador
Lo primero es decidir para qué los quieres: escuchar música, ver películas, jugar o trabajar. Y una aclaración que ahorra dinero: unos altavoces de PC no sirven para mezclar en serio. Para eso necesitas monitores de estudio, que están diseñados para no adornar el sonido; hemos probado varios, como los ADAM A8X, y la diferencia no está en el volumen sino en lo que te dejan oír.
Sobre la conexión, la recomendación sincera va por caso de uso. Para un escritorio, el cable —USB, óptico o analógico— sigue dando mejor calidad y menos latencia que el Bluetooth, que comprime la señal y añade retardo perceptible al jugar o editar vídeo. El Bluetooth es una comodidad excelente para música de fondo o para mover el altavoz por casa, no una mejora de sonido. Y si el ordenador solo tiene tarjeta de sonido integrada, un DAC externo suele aportar más claridad que cambiar de altavoces, porque elimina el ruido eléctrico interno de la máquina.
Comprueba también que el altavoz tenga varias entradas y salida de auriculares: en una oficina o en casa es lo que permite trabajar sin molestar. Y mide el hueco real que tienes junto al monitor antes de elegir el tamaño, porque en un escritorio el límite lo pone la mesa.
Altavoces de cine en casa
Un conjunto 5.1 se compone de dos frontales, dos traseros de efecto, un central y un subwoofer. El canal central es el que más trabaja: en la mayoría de películas transporta la mayor parte de los diálogos, y por eso conviene no ahorrar precisamente ahí. Va centrado respecto a la pantalla y lo más cerca posible de la altura del oído.
En los conjuntos compactos, todo viene resuelto y no hay que elegir pieza por pieza, pero suelen quedarse cortos cuando además quieres escuchar música. Si vas a montar una sala dedicada, merece la pena leer nuestra guía sobre cómo crear un cine en casa, porque las decisiones de sala se toman antes que las de equipo.
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Colocación de altavoces paso a paso
Este es el orden que seguimos siempre, y el orden importa: cada paso condiciona al siguiente.
- Decide la posición de escucha inicial con la regla del 38 %.
- Define la distancia entre el altavoz y tus oídos, según el manual y lo que permita la sala.
- Coloca los altavoces a esa distancia, con la orientación y la altura correctas.
- Busca la distancia óptima a la pared frontal y a la trasera.
- Trata los puntos críticos con paneles fonoabsorbentes y membranas absorbentes.
- Mide y afina. Con REW basta para empezar.
- Pon música. Ese es el objetivo de todo lo anterior.
La posición de escucha: la regla del 38 %
No es exactamente una regla, sino una guía del diseñador de estudios Wes Lachot, y funciona bien en salas rectangulares. Mide la pared más larga y coloca tu cabeza al 38 % de esa longitud, contando desde la pared frontal. Es decir: longitud en metros × 0,38.
Siempre que puedas, orienta el sistema hacia la pared más corta. En salas pequeñas eso da un grave más equilibrado y maximiza la distancia entre tus oídos y la pared de detrás.
Si el 38 % es imposible por el mobiliario, prueba en la franja del 35 al 43 %. Lo que no debes hacer bajo ningún concepto es sentarte en el eje central de la sala (50 %) ni en el cuarto (25 %): ahí es donde se forman la primera y la segunda onda estacionaria, y ninguna colocación te salvará de ellas. El peor caso posible es tener la espalda pegada a la pared trasera, salvo que esa pared esté fuertemente tratada.
Si detrás de ti hay una superficie dura, lo ideal es dejar al menos 3 metros. Cuando no hay espacio, se compensa con absorción, y un difusor acústico en la pared trasera funciona muy bien siempre que le dejes distancia suficiente para que el sonido difundido se despliegue.
El triángulo y el ángulo de 30 grados
Coloca los dos altavoces simétricos respecto al centro de la pared corta: la distancia de cada caja a su pared lateral más cercana debe ser idéntica. Después mide la separación entre altavoces tomando como referencia el centro de los tweeters. Esa distancia tiene que ser la misma que la que hay entre cada altavoz y tus oídos. Tu cabeza y los dos altavoces forman así un triángulo equilátero, y eso no es negociable si quieres una imagen estéreo correcta.
Gira los altavoces hacia ti. Si el triángulo es realmente equilátero, el ángulo entre el eje de cada caja y la pared frontal será exactamente de 30 grados. Puedes comprobarlo respecto a la mesa o la consola, que deberían quedar paralelas a la pared.
Un truco del ingeniero Tony Maserati, ganador de varios Grammy: desde la posición de escucha, al girar la cabeza hacia un altavoz no deberías ver el lateral de la caja, solo su frontal. Y otro suyo, todavía más rápido: los altavoces deben estar separados más o menos lo que abarcan tus brazos extendidos, de modo que las palmas queden justo en el centro de cada tweeter.
Sobre el punto exacto de cruce hay escuelas. Maserati prefiere que las líneas que salen de los tweeters se crucen unos centímetros por detrás de tu cabeza, no en los oídos. Rod Gervais, en su libro sobre estudios domésticos, cifra esa distancia en unos 40 cm. La conclusión práctica es que ese margen es tuyo: pruébalo con música conocida y quédate con el que da un centro más estable.

Altura e inclinación del tweeter
El estándar de la UIT sitúa el tweeter entre 120 y 140 cm del suelo. Hanson Hsu, tras medir los estudios más conocidos del mundo, afinó todavía más y encontró que el centro del tweeter se repite a 1.219 mm.
El motivo es fisiológico. Nuestra capacidad de localizar la dirección de un sonido es mucho mejor en frecuencias altas que en bajas. En la imagen estéreo, la dirección la marcan los agudos, así que los tweeters deben apuntar a tus oídos y estar exactamente a la misma distancia de ellos.
Si necesitas inclinar los altavoces hacia abajo para que apunten al oído, no pases de 15 grados. Por encima de eso, el sonido cambia demasiado en cuanto te mueves hacia delante o hacia atrás. Hay quien inclina el monitor para que el tweeter y el woofer queden a la misma distancia del oído: en monitores de campo cercano la mejora suele ser pequeña y no todo el mundo lo hace, pero en los monitores principales de un estudio es prácticamente la norma.
Un detalle que se pasa por alto: usa siempre los altavoces en su orientación de diseño. Muchos monitores admiten posición vertical u horizontal, pero los dos deben ir igual. Un monitor pensado para ir de pie y tumbado de lado genera una caída marcada en la respuesta en cuanto te desvías apenas 15 grados de su eje acústico.
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La distancia a la pared: el error que más graves arruina
Aquí es donde se pierde la mayoría de los buenos equipos, y conviene entender por qué.
Un altavoz no radia igual en todas las frecuencias. Los agudos son muy direccionales; los graves, no. Ese comportamiento empieza a cambiar hacia abajo desde unos 500 Hz y, a partir de unos 125 Hz, la radiación es prácticamente esférica: el grave sale en todas direcciones, incluida la parte de atrás de la caja.
Esa energía viaja hasta la pared de detrás del altavoz, rebota y vuelve. Cuando la onda reflejada se encuentra con la que sale directamente del altavoz, las dos interfieren. Y si el altavoz está a una distancia igual a un cuarto de la longitud de onda de esa pared, la cancelación es total.
El motivo es sencillo. El sonido reflejado recorre dos veces esa distancia, es decir, 2 × ¼ = ½ longitud de onda de más. Media longitud de onda equivale a 180 grados de desfase: dos ondas de la misma amplitud y fase opuesta se anulan por completo. Eso es el efecto de frontera, o SBIR, y produce cortes en la respuesta mucho más profundos de lo que provocan las ondas estacionarias. El primer hueco suele tener algo así como dos tercios de octava de ancho.

La fórmula, y un ejemplo resuelto
La frecuencia que se cancela se calcula así:
Fc = c ÷ (4 × D)
Donde Fc es la frecuencia cancelada, c la velocidad del sonido (343 m/s) y D la distancia entre la membrana del altavoz y la pared de detrás, en metros. Ojo con esto último: se mide desde el altavoz, no desde la parte trasera de la caja.
Para saber a qué distancia mínima colocarlo, se le da la vuelta:
Dmin = 480,2 ÷ (4 × F-3dB)
Donde F-3dB es la frecuencia de corte inferior del altavoz, la que viene en la ficha técnica, y 480,2 es una constante.
Ejemplo. Tu altavoz corta abajo en 55 Hz. Primero, 4 × 55 = 220. Después, 480,2 ÷ 220 = 2,18. Necesitas colocarlo a 2,18 m de la pared para que la cancelación caiga por debajo de lo que el altavoz puede reproducir, y por tanto deje de oírse.
Las tres franjas de distancia
Traducido a decisiones prácticas, en un monitor de estudio típico:
- Lo mejor: empotrado en la pared, o lo más pegado posible a ella.
- Aceptable: entre 0,1 y 1 m.
- No recomendado: entre 1 y 2,2 m. Esta es la franja donde está casi todo el mundo.
- Bueno: más de 2,2 m.
La lógica de la primera opción es la que el texto antiguo explicaba al revés: cuanto más cerca está la caja de la pared, más alta es la frecuencia que se cancela. Y eso es una buena noticia, porque las frecuencias altas son direccionales y se absorben con muchísima más facilidad. Para minimizar el efecto, empieza probando entre 0 y 20 cm. Antes, consulta el manual: algunos monitores pequeños integran ese efecto en su diseño y suenan mal si no respetas la distancia indicada, y los que llevan el tubo de bass reflex detrás no admiten acercarse más de lo que el fabricante permite.
Y una excepción importante: si tus monitores son muy pequeños, no los pegues a la pared. Radian de forma omnidireccional también en la zona media-baja, y al acercarlos la cancelación se traslada a esa banda, donde produce una coloración perfectamente audible.
En distancias cortas, un panel acústico de unos 10 cm de grosor detrás de los altavoces amortigua bien la cancelación, y las trampas de graves de banda ancha funcionan todavía mejor. Cuanto mayor es la distancia a la pared, menos eficaz resulta la absorción, así que en la franja intermedia el material no te va a salvar: ahí hay que mover el altavoz.
Por último, si tienes altavoces grandes capaces de bajar mucho, la fórmula te va a dar distancias imposibles para una sala doméstica, y además a esas distancias entran en juego las paredes laterales, el suelo y el techo. En ese caso la única solución realmente buena es el monitor empotrado, como se ve en los grandes estudios.
Nunca uses distancias iguales ni múltiplos
Esta regla es corta y vale oro: evita que el altavoz quede a la misma distancia de dos paredes distintas. Y no basta con que sean diferentes, también deben evitarse los múltiplos, incluido el de una vez y media.
Un ejemplo. Si el altavoz está a 1 m de la pared frontal, no lo dejes a 2, 3 o 4 m de la pared lateral, ni a 0,5, 1,5 o 4,5 m. Y cuenta también la distancia al suelo. Cuando varias distancias coinciden o se relacionan por múltiplos, sus cancelaciones se suman en la misma frecuencia y crean un hueco del que ya no se sale.
Si no te apetece hacer cuentas, hay calculadoras de posicionamiento que, introduciendo las dimensiones de la sala, proponen las ubicaciones donde merece la pena empezar a probar.
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La pared trasera y la posición de escucha
En salas pequeñas el mayor problema no está delante, sino detrás de ti. Las ondas graves que rebotan en la pared trasera generan refuerzos en torno a media, una y una y media longitudes de onda, normalmente de algunos decibelios, que se oyen como un grave hinchado y resonante.
El problema serio son las cancelaciones, que aparecen en un cuarto, tres cuartos y cinco cuartos de longitud de onda. Por debajo de unos 300 Hz, en una sala pequeña, pueden llegar a 30 dB. No es que esas notas suenen bajas: es que desaparecen.
Lo ideal es tener la posición de escucha al menos a 3 metros de la pared trasera, porque eso desplaza la cancelación de cuarto de onda por debajo de 30 Hz, donde ya casi nada la produce. Si no dispones de ese espacio, la pared trasera necesita absorción de graves. Y conviene ponerla incluso cuando la sala sí es grande: en nuestra guía sobre bass traps explicamos cuántos hacen falta y dónde van exactamente.
El escritorio, la pantalla y el filtro de peine
El efecto de frontera no se limita a la pared frontal. El suelo, el techo, las paredes laterales y la trasera hacen lo mismo, y también la mesa que tienes delante. Por eso lo sensato es tratar la sala entera y no solo un punto.
Para cualquier reflexión, la frecuencia cancelada se calcula con esta versión general:
Fc = c ÷ (2 × (D reflejado − D directo))
Donde D reflejado es el camino que recorre el sonido del altavoz a tu oído rebotando en la superficie, y D directo el camino en línea recta.
La misma fórmula sirve para la mesa de trabajo o la consola. Las superficies que hay delante de los altavoces reflejan y provocan refuerzos y cancelaciones exactamente igual que la pared, aunque con menos energía. Esta es la razón por la que no conviene apoyar monitores de campo cercano sobre el puente de una mesa de mezclas. Puedes comprobarlo en dos minutos: pon una almohada o una manta doblada sobre la mesa, entre tú y los altavoces, y escucha la diferencia.
Cuanto más cerca esté el altavoz de la superficie reflectante, peor. Si por lo que sea solo puedes ponerlos sobre la mesa, elévalos siempre por encima del plano de trabajo. Con soportes de sobremesa consigues dos cosas a la vez: subes el tweeter a la altura del oído y desacoplas la caja del mueble, y el sonido se vuelve notablemente más nítido.
Las superficies duras muy cercanas al altavoz producen además filtro de peine, un sonido hueco y metálico parecido a un efecto de fase. Por eso nunca debe haber una pared, un rack, un armario u otro altavoz junto a la caja. Y vigila la pantalla del ordenador: debe quedar por detrás del frontal de los altavoces y lo más lejos posible de ese plano. Inclinarla un poco ayuda, porque desvía la reflexión hacia arriba en lugar de hacia tu cara. Si tu escritorio está en una oficina compartida, el problema se multiplica; ahí lo resolvemos con paneles acústicos de oficina.

Desacoplar el altavoz: lo más barato que puedes hacer hoy mismo
Pon siempre los altavoces sobre un soporte. Si los apoyas directamente en una mesa, un mueble o una caja hueca, el mueble absorbe la vibración de la caja y actúa como resonador: cambia la imagen sonora por completo. Una de las mejores soluciones es un soporte cuya base o interior se pueda rellenar con arena.
Bajo los monitores, la espuma de celda abierta mejora la reproducción de graves y la imagen estéreo, porque impide que la vibración pase al mueble. Cuidado con el material: la espuma de celda cerrada y el poliestireno expandido no desacoplan nada, mientras que la lana mineral, las placas de fibra y hasta una caja de cartón sí lo hacen. Los soportes de sobremesa ya incorporan esa función, así que con ellos no hace falta añadir espuma.
Si no tienes sitio ni presupuesto para soportes, unas bolas de masilla adhesiva tipo Blu-Tack en las cuatro esquinas de la base evitan que el altavoz se desplace y actúan como amortiguación básica. No es lo óptimo, pero es infinitamente mejor que apoyarlo en seco.
Un último detalle que parece una excentricidad y no lo es: no pongas debajo de los altavoces aparatos que emitan calor, como amplificadores o procesadores. El aire caliente que sube se mueve, y el aire en movimiento delante de un altavoz cambia el sonido.
Si el suelo es duro, una alfombra acústica entre los altavoces y la posición de escucha elimina la reflexión de suelo, que es de las que más ensucian el centro de la imagen estéreo.
Ajuste de altavoces con medición: el paso que casi nadie da
Hasta aquí has colocado. Ahora toca comprobar, porque el oído se acostumbra a lo que tiene delante y deja de detectar un hueco de 10 dB en cuestión de días.
Room EQ Wizard (REW) es gratuito y suficiente para empezar. Con un micrófono de medición y un trípode obtienes la curva real de tu posición de escucha, y a partir de ahí ya no discutes de sensaciones sino de datos. Mide, corrige la posición, vuelve a medir.
Solo cuando la colocación y el tratamiento están hechos tiene sentido añadir corrección electrónica. Esa parte la desarrollamos en el artículo sobre corrección de sala, donde explicamos qué arregla realmente un DSP y qué no puede tocar. Resumido en una línea: el DSP es el remate, no los cimientos.
Los cinco errores que más veces nos encontramos
- Altavoces a metro y medio de la pared frontal. La peor franja posible. Se soluciona moviéndolos, no comprando material.
- Tweeters por debajo de la altura del oído. Típico de altavoces sobre una mesa baja o un mueble de televisión. La imagen se queda pegada al suelo y los diálogos pierden claridad; en el salón lo tratamos junto con la pared frontal en la guía de paneles acústicos para el salón.
- Distancias simétricas a dos paredes. Suena ordenado a la vista y produce un hueco profundo en graves.
- Un altavoz junto a un mueble y el otro al aire. Rompe la simetría acústica aunque la geometría sea perfecta. La caja del lado del mueble siempre sonará distinta.
- Comprar más altavoz en lugar de arreglar la sala. Es el más caro de todos. Un equipo medio en una sala tratada supera con claridad a un equipo caro en una sala reflectante, y lo hemos comprobado midiendo en acústica de estudio muchas veces.
Si quieres saltarte la prueba y error
Colocar bien unos altavoces es gratis; acertar a la primera, no tanto. Nuestra medición acústica en línea te dice dónde poner los altavoces y la posición de escucha en tu sala concreta, qué frecuencias te están fallando y qué material necesitas de verdad, que suele ser menos del que la gente compra por su cuenta. El coste de la medición se descuenta del pedido si finalmente compras.
Si ya sabes lo que quieres, en el catálogo tienes desde paneles con frente difusor para los puntos de reflexión hasta difusores para la pared trasera, todo fabricado por nosotros y disponible en medidas a medida, incluida la altura exacta hasta el techo.

Preguntas frecuentes
¿A qué distancia deben estar los altavoces entre sí?
A la misma distancia que hay entre cada altavoz y tus oídos: los tres puntos forman un triángulo equilátero. Mide siempre desde el centro de los tweeters, no desde el borde de la caja.
¿A qué altura van los altavoces?
Con el tweeter a la altura del oído sentado, entre 120 y 140 cm del suelo según el estándar de la UIT. Si tienes que inclinarlos para apuntar al oído, no superes los 15 grados.
¿Puedo pegar los altavoces a la pared?
Sí, y en muchos casos es la mejor opción, porque desplaza la cancelación a una frecuencia alta y fácil de absorber. Las excepciones son los monitores muy pequeños y los que tienen el tubo de bass reflex en la parte trasera: en esos casos respeta la distancia del manual.
¿Por qué suenan mal mis altavoces si son caros?
En la mayoría de los casos que medimos, por la posición y por la sala, no por el altavoz. La franja de 1 a 2,2 m respecto a la pared frontal y la simetría de distancias entre paredes explican una parte enorme de los graves descompensados.
¿Sirven unos altavoces de PC para mezclar?
No. Están pensados para que la música resulte agradable, y eso es justo lo contrario de lo que necesitas para mezclar. Para trabajar hacen falta monitores de estudio y una sala mínimamente tratada, porque si no acabas corrigiendo defectos que solo existen en tu habitación.
En resumen
Elige el altavoz por el tamaño de la sala, no por el precio. Siéntate al 38 % de la longitud, mirando a la pared corta, y forma un triángulo equilátero con los tweeters a la altura del oído. Resuelve la distancia a la pared frontal: pegado o a más de 2,2 m, nunca en la franja intermedia, y sin distancias iguales ni múltiplos entre paredes. Desacopla los altavoces del mueble y quita las superficies duras de su entorno inmediato. Después mide, trata lo que quede y deja la corrección electrónica para el final. En ese orden, el mismo equipo suena como otro distinto.










